noticiero textil

22 de Junio de 2017

Previsión de la evolución del sector en el horizonte 2015 (IV)

15/7/2009

2.2 LA OPORTUNIDAD DE LOS TEXTILES TÉCNICOS

En España hay unas 400 empresas dedicadas a la fabricación de textiles de uso técnico (TUT), que procesan alrededor del 20% de las fibras operadas en el sector y con unas ventas estimadas en torno a unos 3.000 millones de euros, de los cuales alrededor de un 20% se destinan a la exportación. Entre Cataluña y la Comunidad Valenciana concentran el 75% del total, seguidas a distancia por Madrid, Galicia y Andalucía.

La mayoría de estas empresas proceden de la fabricación de productos textiles convencionales que se han ido reconvirtiendo total o parcialmente hacia este nuevo sector que constituye un nicho de nuevas oportunidades. Un 40% de ellas pueden considerarse medianas y unas 20 de ellas facturan más de 12 millones de euros.

Por la variedad de áreas de aplicación de sus productos, el subsector tiene una estructura especialmente heterogénea con un crecimiento muy desigual en función de las oportunidades que brinda el mercado español. Entre las áreas que han experimentado mayor desarrollo destaca la automoción, el hogar y locales públicos, la construcción y el deporte-ocio.

Su dinamismo se basa en la capacidad para desarrollar productos innovadores destinados a cubrir nuevas necesidades o dotar a los productos tradicionales de una mayor versatilidad de funciones gracias a la aplicación de nuevos tratamientos. Se emplean materiales diferentes y se tiende a sustituir las materias primas convencionales por nuevos tipos de materiales.

El futuro de estas actividades depende de la capacidad de las empresas y del sector en general de innovar en nuevos materiales y productos, lo cual exige capacidad de inversión y habilidad para interaccionar con la Universidad y los Centros Tecnológicos.

2.3 POLÍTICAS DE AJUSTE SECTORIAL

El estudio prospectivo encargado por el Observatorio en el 2003, que cuantificaba la difícil situación a la que se enfrentaba el sector por la avalancha de importaciones procedentes de China fue el acicate para lograr un consenso entre los agentes sociales destinado a establecer medidas específicas para facilitar que el sector pudiera realizar los ajustes necesarios para adaptarse a las exigencias de un mercado globalizado, de manera que este proceso tuviera un coste socialmente asumible. Lo que se plasmó en un Acuerdo Marco que se conoce popularmente como el Pacto de Albaida.

El Pacto firmado en 2003 por los agentes sociales del sector y los ministerios de Trabajo y el de Ciencia y Tecnología, establecía que las empresas con más del 80% de plantilla fija podían suspender los contratos de trabajo por un período de 90 días al año, articulándose los mecanismos para que los afectados recibieran formación durante este tiempo y no vieran afectados sus ingresos y derechos.

A pesar de una implantación farragosa, los resultados han sido muy positivos, pues desde 2004 a 2008, 5.500 trabajadores se han beneficiado de estas medidas, lo que ha permitido a muchas empresas superar baches de actividad.

En junio del 2006, el agravamiento del ajuste estructural del sector impulsó la firma de un Plan de Apoyo que, además de las sociales, incorporaba medidas industriales y financieras.

a) Medidas industriales y financieras. Se refieren a facilitar el acceso de las empresas a una línea específica de ayudas dentro del Programa de Investigación Técnica Textil hasta 2007 y posteriormente en el Programa Nacional de I+D+i, para fomentar estas actividades. En 2008, se han concedido ayudas por valor de 15 millones, lo que representa alrededor del 10% sobre la inversión total del sector en innovación.

Esta medida se complementaba con una línea específica de crédito ICO para el financiar inversiones, dotada con 200 millones en 2008 que, tal como ha sucedido en otros muchos sectores industriales en los que también se ha utilizado, ha cosechado escaso éxito por las dificultades de articulación con la banca. Actualmente se está revisando la medida para que pueda utilizarse también para financiar circulante y para agilizar las garantías de concesión.

También hay una línea de ayudas para la reindustrialización de zonas afectadas por procesos de desindustrialización de sectores manu-factureros, y que durante estos años han beneficiado a bastantes municipios de regiones elegibles para los fondos regionales europeos de la Comunidad Valenciana, Galicia y Andalucía. En 2008, se han concedido ayudas por valor de 57 millones, aunque las mismas incluyen inversiones tanto textiles como de otras industrias.

b) Internacionalización. El Pacto incluye también medidas de apoyo al esfuerzo exportador de las empresas que se conceden a través de los planes sectoriales del ICEX. Las diferentes agrupaciones empresariales del sector negocian anualmente programas específicos En cada caso se deciden acciones colectivas en ferias, promoción exterior y prospección de nuevos mercados. El monto total de las ayudas ha sido de 4 millones en 2008. En este programa se da la paradoja que, a pesar del grave problema de déficit comercial de la nuestra balanza de pagos, ha sido uno de los programas que ha visto recortadas sus partidas presupuestarias en 2009 por efecto de la crisis.

c) Medidas laborales. El plan refuerza para el sector textil una un amplio abanico de medidas que el Ministerio de Trabajo, en la línea que se había establecido ya en el Pacto de Albaida. Entre las medidas más destacadas cabe citar la extensión de los incentivos para el mantenimiento del empleo de los trabajadores de mayor edad, mediante una reducción del 50% de la cotización a la seguridad social a partir de los 55 años, cuando en el resto de la industria no se aplica hasta los 59 años. Se calcula que esta bonificación ha beneficiado a unos 10.000 ocupados, con un coste de 9 millones de euros.

Otra medida, que puede considerarse complementaria a la anterior, se centra en subvencionar la jubilación anticipada de los trabajadores excedentes en el sector mayores de 55 años que no han podido recolocarse. En el primer año de aplicación de esta medida se han acreditado 122 personas, una cifra modesta pero que puede aumentar substancialmente en los próximos años. Con ello se facilita el proceso de ajuste en el sector en unas condiciones más favorables para los trabajadores y para las empresas.

La mayoría de medidas señaladas, se han ampliado posteriormente a otros sectores manufactureros como el cuero, calzado, juguete, marroquinería o madera, muebles, cerámica, también afectados por la creciente globa-lización, lo que avala la bondad de esta estrategia que ha permitido suavizar el coste social de los ajustes y en muchos casos facilitar la continuidad empresarial.

Valoración global. Este conjunto de medidas ha representado en el 2008 un importe (coste) global próximo a los 70 millones de euros, lo que representa poco más del 0,4% del PIB del sector, y un 40% con relación a los 164 millones de euros que han destinado las empresas para hacer frente a los ajustes de plantilla.

La llegada de la crisis económica hace que estos mecanismos se hayan ampliado para otros sectores en dificultades, con lo cual lo que en principio fue una excepción se ha convertido en un precedente. Además lo que en su momento se planteó como una actuación de carácter puntual, la virulencia de la crisis ha aconsejado su continuidad.

En una situación de crisis generalizada las necesidades de un sector relativamente modesto y compuesto mayoritariamente por Pymes pueden quedar en segundo plano ante sectores dominados por grandes empresas, con mayor capacidad de presión y con volúmenes de empleo superiores. En este caso sería el momento de tener resaltar la función social del textil, la presencia mayoritaria de la mujer y de su responsabilidad en la generación de déficit en nuestra balanza comercial exterior.

2.4 LOS PRINCIPALES FACTORES DE COMPETITIVIDAD

La competitividad del sector se consigue tanto en la producción como en las actividades asociadas a ella como la innovación, la distribución comercial, la marca y la logística.

La innovación. El estudio “European Trend Chart on Innovation” muestra las particularidades de la innovación en el textil en relación al resto de la industria manufacturera. De las doce variables consideradas el sector se sitúa por debajo en diez de ellas. Destaca el elevado porcentaje de innovación que se genera en la propia empresa y la baja proporción de patentes y diseños registrados frente a las marcas registradas.

Los análisis del Cityc muestran que el gasto de innovación en el sector textil/confección se concentra mayormente en la innovación de producto (diseño).

Considera que buena parte de las innovaciones proceden de los proveedores de maquinaria y equipos y del sector de fibras químicas que impulsan la innovación al lanzar nuevas fibras o mejorando las existentes.

Los avances de que incorporan las máquinas y los equipos se complementan con un proceso de mejora de los mismos en la propia empresa para su adaptarla a sus requerimientos de proceso o de producto, especialmente en las empresas que han entrado en el campo de los tejidos técnicos.

Aunque la concentración del sector en cluster industriales facilita la difusión de las innovaciones, la reducida dimensión de las empresas dificulta que la internalicen, de ahí la relevancia estratégica que adquieren los centros tecnológicos.

Nuevos canales de distribución. A pesar de la crisis, en el 2008 se estima que el consumo vestuario en España alcance los 26.500 millones, lo que representa el 4,4% del presupuesto de consumo familiar. Por su parte el mercado final de textil/hogar alcanza un próximo a los 2.2000 millones.

Por su parte, el canal detallista tiene una gran relevancia económica, pues se estima que puede llegar a incorporar una valor añadido de entre el 100/150% al valor de la producción de la industria textil, y actualmente genera una ocupación muy superior a la propia industria textil existente en España. Además está experimentando una rápida evolución para adaptarse a las exigencias del mercado y para ganar en productividad.

Uno de los fenómenos de los últimos veinte años ha sido el espectacular desarrollo de las franquicias impulsado por la aparición de las grandes enseñas como Zara, Cortefiel o Mango, que se complementan por un amplio número de enseñas más pequeñas que actualmente canalizan más del 30% de las ventas de vestuario en el mercado español.

El grupo Corte Inglés, dentro de la categoría de grandes almacenes, alcanza alrededor del 15% de las ventas aunque también experimenta una progresiva reducción de su participación, frente al dinamismo del grupo anterior.

Aunque tiende a una rápida reducción, todavía hay más de 70.000 tiendas textiles independientes que realizan un tercio de las ventas de vestuario y casi el 45% del textil hogar.

Actualmente van apareciendo nuevas novedades como el cobranding, o alianza entre marcas complementarias como por ejemplo perfume y moda, o diferentes combinaciones de productos textiles, con objeto de reducir los costes asociados a la gestión de los puntos de venta, especialmente en áreas comerciales tradicionales en generan costes fijos más elevados y permitir un crecimiento continuado de las marcas, imprescindible para mantener su competitividad.

Finalmente cabe citar los outlets, tradicionalmente tiendas de fábrica, hasta crear centros comerciales especializados en este tipo de oferta como La Roca Retail, cerca de Barcelona, o las Rozas, cerca de Madrid. O el proyecto que la agrupación de fabricantes de Igualada que está impulsando un outlet conjunto de los fabricantes textiles de la zona. La última moda, como consecuencia de la crisis ha sido la creación de outlets urbanos. La cadena Zara está ampliando a toda velocidad su cadena Lefties que responde a esta filosofía. La duda está en saber hasta qué punto el formato off-price se consolidará cuando acabe la recesión.

La moda. La batalla de la competitividad global se basa en la construcción y desarrollo de un número cada vez más amplio y potente de marcas que permitan identificar y diferenciar los productos y servicios de las empresas y fidelizar a los clientes.

Se considera que las marcas líderes generan efectos muy positivos sobre la solvencia de un país, que se vincula a la imagen de fiabilidad, eficiencia e innovación de las propias marcas. Italia es el ejemplo más relevante en el textil, con marcas como Armani, Prada o Gucci. Francia, después de un largo periodo en retroceso, por la competencia de cadenas de distribución como Zara o H&M, que operan con marcas genéricas,10 han recuperado protagonismo tanto en marcas de lujo como Gerad Darel, Vanesa o Bruno, como en populares: Célio, Kookai, Promod o Naf Naf.

Mientras que en otros países la moda está respaldada por grandes grupos financieros, en España hay más talento creativo que capacidad de traducirlo en proyectos de negocio y la alianza entre la moda, el capital y la gestión no ha resultado fácil. Sin embargo hay algunas excepciones remarcables como el caso de Adolfo Domínguez, un diseñador que ha logrado crear una gran empresa, o en la vertiente opuesta, Armand Bassi, un fabricante que lanza a diseñadores, y otros que lo están intentando, como Caramelo tras la entrada de la familia Jove en su accionariado. La iniciativa más reciente en este sentido es la creación de un master de dirección de empresas de moda que ha creado la Cámara de Comercio de Madrid junto a la Universidad Rey Juan Carlos, y que coordinará Jesús del Pozo.

Por parte de la Administración hay multitud de intentos para favorecer al sector a través de las pasarelas de moda o ferias, mientras las primeras proyectan imagen y liderazgo, las ferias sirven para hacer negocio.

Desde el año 2000 existe la Asociación de Moda de España (ACME) que cuenta con una treintena de diseñadores asociados y recientemente el Ayuntamiento de Barcelona ha creado un vivero de moda en Barcelona para potenciar los nuevos diseñadores.

La logística. Uno de los grandes problemas que tiene la industria textil y muy especialmente la confección es la gestión del tiempo que transcurre entre la creación de un producto y la llegada al punto de venta.

Tradicionalmente el tiempo era extremadamente largo con muchos tiempos no productivos: tiempos de espera en la fase productiva, almacenes intermedios a la espera de servir el producto, fechas de entrega solicitadas por el cliente anticipadas al momento de la venta, etc. que añadían costes pero en ningún caso valor a los productos. Únicamente el proceso de producción, desde la fecha de orden de corte hasta disponer de la pieza lista para remitir al cliente, podía durar entre cinco y diez semanas y el total desde el diseño un producto hasta el momento que su venta se podía alargar más de doce meses. Se intentó vender antes de producir con un sistema que se denominó “pronto moda”, pero finalmente no ha sido una mejora decisiva. Un reciente estudio del Observatorio indicaba precisamente que para muchas de estas empresas los costes logísticos podían alcanzar el 10% del total de su estructura.

La solución definitiva la han aportado las grandes empresas productoras-distribuidoras con una cadena de comercios propios o franquiciados mediante una estrategia de renovación constante del producto (desaparece prácticamente el concepto de temporada) y unos tiempos de proceso productivo muy breves, lo que se ha denominado una “estrategia de respuesta rápida”. Los grandes productores-distribuidores, como Zara, manifiestan que en un plazo promedio de 30 días, diseñan, producen y hacen llegar a sus comercios de todo el mundo un nuevo producto.

Uno de los factores que ha permitido este cambio de modelo es precisamente la logística que abarca la gestión de las compras de materias, del trasporte y de la distribución, todo mediante procesos informáticos. La logística se ha convertido así en un elemento estratégico de gran importancia. Si añadimos a todo esto la comunicación informática permanente entre la central logístico, los centros de producción y los puntos de venta, las técnicas de corte automatizadas y de costura de alta tecnología y los modernos y eficaces medios de transporte, incluso en muchos casos se utiliza el avión para envíos transoceánicos,. se comprende fácilmente como se han reducido a más de una décima parte los tiempos de respuesta al mercado.

Las tiendas de estas grandes cadenas son las que en realidad arrastran todo el proceso pues, al estar cerca del mercado, son las que mejor interpretan sus gustos, necesidades, momentos de compra. Este tipo de empresas son las que denominamos “empresas-producto” o “empresas-logística” en contraposición a las empresas tradicionales que, en otro punto de este trabajo, hemos denominado “empresas-fábrica”.

La mejora de las infraestructuras logísticas, tanto portuarias (ampliación de la capacidad recibir contenedores en los puertos de Barcelona y Valencia) como las grandes centrales logísticas como la Plaza en Zaragoza o en la mayor parte de las ciudades intermedias de España, lo que facilita grandemente la operativa, y hace que el nuevo modelo se haya estén-dido a un amplio número de empresas.

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