Las camisetas han pasado de representar el 68% al 56% de las ventas de Phoenix Teefactory en tres años, mientras crecen las prendas de mayor calidad, la diversificación de producto y los pedidos de menor volumen.
El textil promocional está modificando su tradicional dependencia de la camiseta básica y avanzando hacia un modelo más diversificado, con prendas de mayor calidad y pedidos más pequeños. Así lo reflejan los datos de Phoenix Teefactory, empresa de Mataró especializada en personalización textil, que constata cambios significativos en el comportamiento de sus clientes durante los últimos tres años.
La camiseta pierde doce puntos de cuota
Las camisetas han pasado de concentrar el 68% al 56% de las ventas de la compañía en tres años. Paralelamente, ganan presencia sudaderas, chaquetas, chalecos, polares, bolsas y mochilas, en un mercado en el que las empresas buscan ampliar la vida útil de los artículos promocionales.
El segmento de prendas de mayor calidad ha aumentado su peso en 4,68 puntos porcentuales durante ese periodo. La empresa añade que las ventas de marcas como Stanley/Stella han crecido un 44% respecto a 2025.
El merchandising comienza a medirse menos por el número de prendas distribuidas y más por las veces que terminan utilizándose
Esta evolución aproxima progresivamente el textil promocional a algunos códigos propios de la moda: mayor atención al diseño, tejidos, colores, patronaje, comodidad y personalizaciones más discretas e integradas en la prenda.
Menos grandes tiradas y más pedidos durante el año
El cambio afecta también al tamaño de los encargos. Según Phoenix Teefactory, el volumen de los pedidos ha descendido un 14% en tres años. Frente al gran pedido anual, muchas empresas optan ahora por repartir su presupuesto entre diferentes acciones y realizar varias producciones de menor volumen.
Esta transformación está impulsando técnicas de personalización adaptadas a series cortas, como el DTF, y servicios destinados a pequeños creadores y marcas, entre ellos la incorporación de etiquetas personalizadas. En el ámbito corporativo y laboral, la empresa ha reducido además de diez a cinco unidades el mínimo establecido para determinadas prendas.
El coste por uso entra en la ecuación
Uno de los argumentos que comienza a ganar peso es el denominado coste por uso. Una camiseta económica que apenas se utiliza puede acabar resultando menos eficiente como soporte promocional que otra de mayor precio que forme parte del vestuario habitual del receptor.
Phoenix Teefactory ejemplifica esta diferencia comparando una camiseta de tres euros utilizada dos veces, con un coste de 1,50 euros por uso, frente a una prenda de ocho euros utilizada 40 veces, cuyo coste desciende hasta 20 céntimos por uso.
Esta lógica también introduce una nueva dimensión en el debate sobre sostenibilidad. El algodón orgánico, los materiales reciclados, las certificaciones o la trazabilidad continúan ganando importancia, pero existe un factor previo: que la prenda llegue realmente a utilizarse.
El cambio de enfoque puede ser relevante para un mercado que durante años ha vinculado eficacia promocional con volumen. La cuestión ya no sería únicamente cuántas prendas se distribuyen, sino cuántas continúan generando visibilidad para una marca meses después de una campaña.













