La Nave Q Late y el Gran Casino Sardinero de la capital cántabra se convirtieron en epicentro de la moda ética y consciente, con la sexta edición de esta pasarela centrada en el diseño circular y el consumo responsable, en la que firmas locales, nacionales e internacionales presentaron colecciones que reivindican nuevas formas de producción.
«La autenticidad de lo hecho a mano, la sensibilidad emocional y la conexión humana que recuperan el trabajo artesanal prolongan la vida de las prendas y nos despiertan sentimientos de nostalgia de otras épocas», destaca José Luis Callejo, director de la Santander Slow Fashion. Y añade también que se trata de una «pugna calidad versus cantidad, y con el valor añadido de la singularidad y la originalidad de una prenda creada por un artesano».

Organizada por la Asociación de Creadores de Cantabria con el respaldo de la Consejería de Industria y Comercio, la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte y la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte, la sexta edición de la Santander Slow Fashion ha contado con Costa Rica como país invitado, mientras que la Comarca del Matarraña en Teruel ha sido la región invitada, en un reconocimiento a los artesanos de la España vaciada.
Ecodiseño, artesanía y lujo sostenible
La confección artesanal y la fabricación de proximidad fueron las señas de identidad de los desfiles de la sexta edición de la Santander Slow Fashion. La bilbaína Leyre Doueil presentó su nueva colección Golden Hour, mientras que la diseñadora cántabra, Zulema Jara, volvió a conectar el Norte de España con el Mediterráneo con Adlib Tanit, su colección hand made para el verano de 2027, basada en el espíritu libre, femenino y poderoso de la diosa Tanit.
La también cántabra Paula Alegría presentó su colección Nomad para su firma Allegra, un trabajo que parte del concepto de movimiento como forma de identidad.
Las artistas y diseñadoras cántabras, Claudia Iza (Osa Design) y María José Pereda De Castro (My Josefin) fusionaron el arte y la moda en sus desfiles. Claudia Iza apostó por una diversidad de estampados animados en diferentes prendas en movimiento, estampados que nacen de la moda sostenible, impresos en textil con tintas naturales.
La sombrerera My Josefin realizó un reconocimiento total a la sombrerería como gremio ancestral, piezas de fieltro, material noble en este saber hacer sombrero.

La diseñadora cántabra Trinidad Castillo volvió a recordar que otro tipo de moda es posible, convencida de que, lejos de ropa de usar y tirar, se trata de hacer prendas sólidas y cuidadas, que perduren en el tiempo.
Igualmente, la creadora chilena afincada en Santander, Katherine Barrera, apostó también por el diseño artesanal para sus propuestas de fiesta y ceremonia de la firma Catalina García.
La moda infantil confeccionada artesanalmente por la firma cántabra Blanco & Entredoses sacó a la pasarela a los más pequeños; por su parte, la creadora vascofrancesa, Maia Curutchet, que está detrás de la firma bilbaína de moda sostenible y ética SKFK presentó la colección Lotura, «una reflexión sobre dónde queda nuestra conexión real con lo que lo amamos, cuidamos y creamos».
Artesanía y territorio
Desde la comarca del Matarraña en Teruel, provincia invitada de la Santander Slow Fashion 2026, los artesanos, Ricardo Domingo y Manuel Gallardo (Espartos Manolito), presentaron una propuesta conjunta que fusiona la joyería de autor con el esparto, bajo la marca creada para la ocasión RiMa.
Moda con impacto social
La Santander Slow Fashion 2026 también puso el foco en el valor social de firmas que trabajan en el ámbito de inclusión, como Luimar, la empresa de inserción social de Cocina Económica, en cuyos talleres ocupaciones textiles generan puestos de trabajo para personas vulnerables y en riesgo de exclusión.
Y también desde la moda más social y centrada en la segunda mano, Moda re-, el operador de ropa usada de España gestionado por la Confederación Cáritas Española, protagonizó un desfile con la segunda vida de las prendas.
Costa Rica, país invitado
El broche de la Santander Slow Fashion 2026 lo puso la diseñadora costarricense, Sonia Chang, quien presentó la colección Raíces Ancestrales que visten: Costa Rica, Paraíso Natural, en la que ha contado con la colaboración de once pintores del colectivo nacional de artistas plásticos Pintal.












