La compañía da un paso más en su camino hacia la sostenibilidad medioambiental y social y adelanta sus objetivos sostenibles tras haber logrado que el 80% de todas las prendas que comercializa ya incorpore la denominación Committed. En un año, Mango prácticamente ha duplicado el peso de las prendas con características sostenibles en su producción total.

Mango ha revisado los hitos marcados a principios de 2020 dentro de su plan estratégico de sostenibilidad y ha apostado por adelantarlos. En concreto, Mango prevé que el 100% del poliéster utilizado sea reciclado en 2025, duplicando el objetivo inicial previsto para ese mismo año.

Del mismo modo, la firma también contempla que en 2025 el 100% de las fibras celulósicas usadas sea de origen controlado y trazable, lo que supone alcanzar el compromiso cinco años antes de lo previsto. Además, la compañía mantiene su meta de que el 100% del algodón empleado sea de origen sostenible antes de 2025. Asimismo, tiene como objetivo que el cien por cien de sus prendas forme parte de Committed en 2022.

La compañía se adhiere a ZDHS y Canopy Style

En su camino hacia la búsqueda de la sostenibilidad, Mango apuesta por sellar alianzas con diferentes entidades y empresas de todo el mundo. Entre las principales coaliciones de las que forma parte figuran el International Accord, el Fashion Pact o la United Nations Fashion Charter for Climate.

En 2021, Mango ha trabajado una nueva estrategia de gestión del agua para reducir y hacer más eficiente el uso de este recurso. En este contexto, se ha unido al programa Roadmap to Zero de ZDHC como Colaborador.

Asimismo, en su compromiso con la sostenibilidad en todas sus áreas de influencia y como parte del Plan de Sostenibilidad, Mango también se ha adherido a la iniciativa Canopy Style, por la que se compromete a proteger los bosques asegurando el abastecimiento responsable de todos los materiales de celulosa utilizados en prendas, papel y envases.

De esta forma, estos productos contarán con certificaciones internacionales para evitar la tala ilegal y la destrucción de ecosistemas, además de estimular el uso de fuentes de fibra alternativas de menor impacto, como textiles reciclados o residuos agrícolas.

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